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Entrevista Con el Fotógrafo uruguayo Luis Fabini


Luis Fabini, (42) reside actualmente en NY.
Es fotógrafo. Nace en una familia de artistas e intelectuales. Entre ellos hubo escritores, poetas y músicos. Marcaron su formación.
Pero sería un pequeño e inesperado regalo de su padre lo que despertaría en Fabini su vocación por la fotografía.

La MV Gallery, en la ciudad de New York, expone el primer capítulo de su proyecto “Los Vaqueros de America”.

Luis Fabini, Haythorn Ranch Nebraska, 2010.

¿Qué es el proyecto “Los Vaqueros de América”?

Es un estudio fotográfico sistemático del hombre de a caballo, del hombre que trabaja de a caballo desde Tierra del Fuego hasta Alaska. Mi obra aspira a documentar la vida austera y digna de estos hombres que sienten orgullo de ser vaqueros. Estas fotos son un testimonio de sus costumbres de vida, del lugar donde realizan sus labores, de sus herramientas, y claro, de sus caballos criollos. En Estados Unidos se llaman Cowboys, en México son Charros, en Colombia y Venezuela son Llaneros, en el altiplano de Ecuador son Chagras, Perú tiene a sus Chalanes, Chile a los Huasos; y en Argentina, Brasil y Uruguay, se llaman Gauchos.

¿Porqué estudiar tan a fondo los vaqueros americanos?

Creo que hay que rescatar y divulgar con seriedad esta cultura vaquera de la que los citadinos tienen mucho de que aprender. Con mis fotos quiero ayudarlos a entender. Pero sobre todo quiero compartir mi experiencia, abrir una ventana para que desde afuera podamos conocer un poco más a estos hombres. Y para que los hijos de estos hombres vean reflejadas sus tradiciones.
Planeo la publicación una colección de libros de12 tomos. Cada tomo estará dedicado a un tipo de vaquero americano. Relato mis experiencias personales en cada uno de estos viajes. Expertos historiadores y antropólogos analizan la realidad presente y futura de estos hombres. A fines de 2008 se publicará el primer tomo de la colección, el que está dedicado a los Gauchos Orientales.

Este proyecto significa un trabajo de varios años, una obra enorme, miles de fotos…
¿Cuántas fotos lleva sacadas hasta la fecha?

De gauchos ya tengo un archivo de 30 mil fotos y de chagras, alrededor de 20 mil.
Para el archivo de toda la colección posiblemente alcanzaré las 200 mil fotografías… no sé.
Seleccionaré unas 60 fotos para cada capítulo, más o menos.
Comencé este trabajo hace ya 3 años y va a durar por lo menos, hasta el año 2013. Por el momento ya hay 10 tomos decididos. Estoy investigando otras zonas de Sudamérica, Centroamérica, el Caribe y Norteamérica, en las que, seguramente, encontraré material para los tomos 11 y 12. Estos son los únicos con tema abierto por ahora.

¿Tiene auspiciantes que le permitan llevar a cabo el proyecto o lo financia de su propio bolsillo?

Al comienzo debí poner de mi bolsillo pero fue lo elemental para empezar y arme yo mismo el primer portafolio del proyecto. En 2004 me contacté con la fundación New York Foundation for the Arts (NYFA). Esta fundación me otorgó una beca renovable para realizar parte del proyecto. El resto de los fondos los consigo con la venta a coleccionistas de mis fotografías.
Lo que sucede es que el mundo está ávido por cosas reales y estos vaqueros son bien reales. Además, cuando las cosas se hacen con pasión eso se transmite a los demás y en las sociedades avanzadas (o sea, más conscientes del planeta en el que viven) eso se apoya, se premia.
En un futuro bien cercano mi idea es crear una fundación en Estados Unidos para poder invitar a nuevos donantes a colaborar en este proyecto. Esta fundación se va a dedicar a armar programas educativos para trabajar con las escuelas rurales del Uruguay (con mi material y el de otros que quieran integrarse) pero también del resto de las Américas. La idea es educar y provocar intercambio cultural en el medio rural. Me encantaría hacer, por ejemplo, en el país de los huasos chilenos hacer una muestra del gaucho oriental. Además esta fundación serviría como depósito (abierto a todos) de mi archivo personal de fotografías y de todo el material (entrevistas, audio, videos, etc.) vaya generando en cada uno de mis viajes. También consigo donantes realizando conferencias, charlas y presentaciones sobre mi trabajo en cualquier parte del mundo donde se interesen por la obra. Hay que darse a conocer, explicar… hay que contagiar a los demás con tu propio entusiasmo. Hasta ahora he dado conferencias en Europa y las Américas. El etnobotanista Wade Davis de la National Geographic me está ayudando mucho para armar esta parte del proyecto.

En estos días está exponiendo en la ciudad de Nueva York.
¿Cómo ha reaccionado el público neoyorquino ante sus fotos?

En el 2007 expuse en la Fundación The Nature Conservancy y en la galeria MV en Manhattan, New York. El público pudo ver las fotos correspondientes al ensayo sobre los Gauchos y el que está dedicado a los chagras en la muestra. Es una muestra itinerante.
El público ha mostrado una combinación de curiosidad, mente abierta, y agradecimiento por un trabajo aun no terminado. La gente se interesó muchísimo. Fue una experiencia maravillosa. En el comunicado de prensa puse mi celular para que la gente me llamara para darles un “prívate view” de la muestra a quien quisiera. Me descubrí explicando a familias del medio oeste (con hijos y abuelos) que andaban de paseo por NY, las vidas de los gauchos y chagras.
Crecí mucho interiormente con este contacto tan directo con la gente.
El feedback desde internet fue tremendo. La obra despertó gran interés en lugares tan lejanos como Rusia o Japón. De los uruguayos en el exterior recibí muchas expresiones de gratitud. El uruguayo se empieza a dar cuenta de lo que tiene cuando está afuera. El inmigrante de Treinta y Tres o de Artigas, (departamentos del norte de Uruguay) que está trabajando en Europa o en Estados Unidos se conecta con mis fotos a sus recuerdos más entrañables. Me han escrito cartas de puño y letra agradeciendo el haber mostrado su terruño, su pago al mundo.
La gente se emociona mucho y yo también.
Un grupo de curadores, agrupados en fotosynthesis.org me invitaron a participar de un proyecto maravilloso que además de armar una exhibición itinerante y llevarla a los principales museos del mundo, generan programas educativos y publicaciones. Un porcentaje de todas las ventas será vertido exclusivamente a la Fundación que quiero establecer para ayudar en temas educativos en las escuelas rurales de Uruguay y el resto de América.
Quiero que mis fotos ayuden a los niños a conocer sus auténticas raíces culturales.

Hay una imagen idealizada sobre estos vaqueros, una imagen muy utilizada por la publicidad, la industria turística y por Hollywood.

Si, son clichés, recetas. Yo soy un testigo de la verdadera cultura de los vaqueros de carne y hueso, los que trabajan de a caballo. Es una cultura que se desvanece. Los retrato tal cual son. No hay adornos ni sentimentalismos ni romanticismos. Yo no juzgo a nadie con mis fotos. No pongo ideología. Trato de estar lo menos presente posible en mis fotos. Pienso que no debo desfigurar la realidad de estos hombres con mi lente. Para lograr esto me integro a la vida diaria de esta gente. Vivo como ellos (temporadas enteras, hasta años), trabajo como ellos, trabajé junto a ellos, soy uno más. La mayoría de mis fotos las hago de a caballo. Muchas veces paro y ayudar en lo que están haciendo porque pasa que somos 2 o 3 y tenemos 500 cabezas de ganado… así que me pongo a arrear con ellos. Lo único que no hago es enlazar. He arreado a miles de cabezas de ganado atravesando el norte del Uruguay con estos grupos de hombres rudos y casi nómades En mi caso fue movimiento natural para mí porque se puede decir que casi que me crié entre vaqueros, en estancias del Uruguay, con los gauchos…

Justamente, usted comenzó este ambicioso ensayo fotográfico con el gaucho, el vaquero de su tierra. Además, ¿siendo hijo de diplomáticos, cómo es eso que se crió con los gauchos? ¿Tiene experiencia como jinete?

Para sacarles fotos a los gauchos más vale que seas buen jinete.
En el Uruguay, algunos, antes de aprender a andar en bicicleta aprenden a andar a caballo. Es un país ganadero como este con 3 millones de habitantes y 12 millones de vacas, 18 millones de ovejas… y no sé cuantos millones de caballos… ¡así que es bastante natural ser jinete! Una de las primeras fotos que tengo es la de mi padre poniéndome sobre un caballo cuando tenía 1 año. Aprendí en un lugar de trabajo: aprendí en una estancia, no en un parque. No era un señorito que iba a la estancia a pasear a caballo como un inglés o a jugar al polo. No.
Aprendí a trabajar en estancia. Me hice jinete con el mejor jinete, el gaucho verdadero, el que trabaja en el campo, no con el que sale en la postal o el que baila para los turistas.
Mi padre era diplomático. Parte de mi vida se desarrolló fuera del Uruguay. Cada año volvíamos de vacaciones y nos quedábamos 2 meses. Un mes en Montevideo y otro en la estancia de unos amigos de mi padre. Tengo recuerdos de la oveja en la parrilla, de la churrasqueada antes del amanecer, del guiso al mediodía, del “buen día” de los gauchos, del mate, de ir a buscar a los caballos para ensillar, de cabalgar con los gauchos a campo abierto… ¡de ver con ellos la primera luz del sol!

¿Y ya desde pequeño sintió la vocación de ser fotógrafo, y concretamente, de ser fotógrafo de estos hombres de a caballo?

Fue producto de una búsqueda interna. Me pasé la vida buscando afuera… y nunca encontré ninguna respuesta. Me llevó un tiempo conectarme con mi corazón, conectarme con mi pasión. Cuando empiezo a buscar adentro mío, descubro esa vocación, esa pasión.
Y mi pasión son estos hombres, estos hombres de a caballo.
Estoy enamorado de la vida de estos tipos. Me fascina el tipo de vida de estos tipos.
La dignidad con la que viven, la austeridad con la que viven.
La fotografía ha sido el medio perfecto para captar la esencia de estos hombres.
El ensayo fotográfico “Los vaqueros de América” o en inglés, “The horsemen of the Americas”, nace de esos recuerdos de mi infancia y juventud.
Mi vida es una unidad. No veo eventos separados e inconexos.
Todos los hechos de mi vida están conectados entre sí.

¿Y cuándo se dio cuenta de que estos vaqueros podrían ser tema para un ensayo fotográfico?

A los veinte años de edad comencé a trabajar como guía de montaña. Eso duró 10 años.
Luego fui fotógrafo de moda y trabajé en publicidad. Insatisfacción plena. Me cuestionaba mucho. En esa época pensaba que la culpa de mi descontento era del mundo, “lo de afuera”. Pero al poco tiempo me di cuenta que el problema no estaba “afuera”, me di cuenta de que problema estaba en mí, estaba en el “adentro”. Hiciera lo que hiciera, iba a seguir estando insatisfecho.
Tenía 35 años. Entonces, en un pestañeo, mi vida cambió.
En el lapso de 15 días se muere mi padre y se deshace mi matrimonio. M roban todos mis equipos de fotografía. No quiero volver a ninguno de mis amigos.
No me interesan más.

Muy hondo en mí, algo se alteró.

Conozco a Moriyama Roshi, un maestro zen japonés que no forma parte de la orgánica institucional zen. Es un tipo independiente. Cuando yo lo vi a él y él me vio a mí fue instantáneo: vos conmigo y yo contigo. Por ese entonces yo no sabía nada sobre Zen. Al poco tiempo me convertí en su asistente y traductor. En Brasil, trabajo con él durante 3 meses. Luego prosigo mi práctica Zen un monasterio en La Deumeure Sans Limites, con Joshin Sensei en la montaña en Francia. En esa época la superficie se calmó, el oleaje disminuyó. Yo era un tipo que no podía estar quieto. La práctica zen en monasterio son 6 horas al día sentado contra la pared. El resto es el aquí y ahora concentrado en lo que estás haciendo, lavando platos, cocinando, trabajando en la huerta. Esa es la técnica. Cinco años estuve con él. Fue un trabajo a fondo. Muy intenso. Viajamos alrededor del mundo. Charlas, retiros, conferencias. Moriyama me ayudó a conectarme conmigo mismo. Empecé a ver lo que realmente quería.

Si te conectás con tu corazón sabés exactamente lo que tenés que hacer.

Pero mucho antes de Japón y el Zen y todas esas búsquedas filosóficas y existenciales se produjo un hecho fundamental cuando yo tenía 7 años: mi padre me regala una camarita para que yo saque fotos durante un viaje los dos solos por los Andes y la selva peruana. Fue la combinación de la cámara, la herramienta, más el viaje con mi padre, que grabo para siempre el temple de mi pasión.

Yo sigo haciendo ese viaje: descubro y me descubro todo el tiempo.
Mis fotos son los frutos materiales de ese viaje constante.

Pero, y los gauchos, ¿cuando entran en escena?

Me llama un amigo francés, estudiante Zen y me presta 2 mil dólares. Compro equipo. Me voy con una cámara, un par de lentes (cargo yo los rollos), para Salto (norte del Uruguay).
Dos pintores me guiaban es esos días. Buscaba la luz del Juan Manuel Blanes y la acción en la obra de Enrique Castells Capurro.
Buscaba a los gauchos de mi niñez.
Llegué a salto a las 6 de la mañana en ómnibus.
Hacía años había estado en la zona y conocía un camino de tierra y me mandé. Era sábado.
Los estancieros y todos los demás iban para el pueblo. Nadie entraba. Hice dedo. Nadie me levantaba. Caminé 20 kilómetros. Sol. Era el 13 de Enero, el día de mi cumpleaños. Yo con un paraguas. A lo lejos veo un humito cerca del único árbol al borde de la ruta. Una higuera.
¡Era un andante!
Me hace señas. Me acerco con un poco de temor. Era la primera vez que me encontraba con un andante. El tipo me dice: “….eh, acerquesé… venga a compartir unos mates…”
Era Luis Alberto Fonseca, 56 años, andante de toda la vida. Un nómade feliz.

Dios para él, es el lugar en el que vive. Inmediatamente, empecé a sacarle fotos. Sin darme cuenta, en ese encuentro comenzó el proyecto de los hombres de a caballo de las Américas.
Tiempo después, otro gaucho me explicó: “Un gaucho es el terrón que pisa”.
El hombre se crea a semejanza de lo que hace. Es uno con lo que hace.
Este gaucho definió mi proyecto.

¿Así que, al comienzo, el proyecto se centraba únicamente en el Gaucho Oriental?

Sí. Me propuse encontrar a los descendientes del primer gaucho, el que nació en el territorio de la Banda Oriental. El contrabandista. El rebelde. El andante o caminante. El tropero.

Busqué autenticidad. Fotografíe gauchos del norte del Uruguay (la frontera). Gauchos que tienen corazón de basalto. Rudos, austeros. No son gauchos para turistas. Son hombres de a caballo de verdad. Recorrí el norte. Los campos de Artigas.

Tierra de indios. Tierras aún intocadas, salvajes.

Durante dos años estuve recorriendo esas tierras. Remates, estancias, viajé con troperos, a caballo. Me recibieron con los brazos abiertos.

En esos pagos nunca más pido permiso para sacar una foto.

Luego me di cuenta de que todos los hombres de a caballo de las Américas son hermanos de alma, que comparten la misma historia, el mismo concepto de la frontera, la misma montura y el mismo caballo, traídos al “Nuevo Mundo” por el conquistador español.

Hoy estoy recorriendo América (voy a cada país que tenga una historia ganadera, que tenga un hombre de a caballo que trabaje… yo voy a estar allí.) a través de sus vaqueros. Me interesa el hombre con la cara arrugada por años de trabajar a la intemperie, el que tiene las manos grandes y con callos. Ese es mi tema.

Es un proyecto de al menos siete años de duración. Estoy entrando en el tercer año.
He completado los dos primeros tomos de la colección: I, El Gaucho Oriental y II, El Chagra Ecuatoriano.

¿Quiénes son los chagras?

Son los vaqueros, los rodeantes de El Páramo en la zona de los Altos Andes ecuatorianos. Acabo de pasar 6 meses con el Chagra. Este vaquero desconocido para la mayoría trabaja y vive en tierra de volcanes y de toros salvajes. El Páramo (a una altura promedio de 4 mil metros sobre el nivel del mar) tiene topografía y flora de otro planeta. Las haciendas son un tamaño descomunal: de 30mil a 70 mil hectáreas… ¡y sin alambrar…! Aunque esté sobre la línea del ecuador, hace mucho frío, llueve intensamente y el viento sopla fortísimo. Por ejemplo, en marzo de 2007, visité la Hacienda Yanahurco (23 mil hectáreas), que está situada a 3700 mts sobre el nivel del mar. El propietario es Don Fernando Cobo. Es área protegida, hábitat del oso Anteojo, el cóndor, el tapir y el venado. Hacen dos rodeos al año: primero el de los caballos salvajes y segundo, el de los toros salvajes. También visité la Hacienda Pitaná, en la cordillera Occidental, Parroquia de Pifo de Patricio Argüero, un indio papero, (se hizo rico cultivando papas), dueño de varias haciendas. El Ganado salvaje que se encuentra en sus tierras es de los más grandes de la zona. En la hacienda Chalupas trabajé en el arreo de toros bravos de casta en el contadero… una experiencia impresionante. Y yo siempre sacando fotos… trabajando y sacando fotos. La cultura del Chagra es una mezcla fascinante. Físicamente son mestizos: indígenas con algunos rasgos de españoles. En cuanto a sus costumbres de trabajo (tanto como aperos y monturas), estas han permanecido casi intocadas desde la época de la conquista. Monta un caballo criollo llamado paramero bastante parecido al potro de los mongoles. Viven asilados en las alturas mágicas de los andes pero tienen celular. A la noche, alrededor de un fuego, cantan con voz herrumbrada por un agua ardiente anisada viejas canciones de amor y soledad en un español mezclado con quechua.

Conocerlos, convivir y trabajar con ellos ha sido una vivencia única. No puedo explicar con palabras lo que se siente cabalgar entre la bruma y por el filo de la montaña persiguiendo a un toro salvaje…

¿Dónde estudió fotografía? ¿Qué equipo utiliza?

Nunca fui a una clase de fotografía. Soy totalmente autodidacta. Siempre aprendí con el cuerpo, o sea, con la acción… no tanto con la cabeza. Yo aprendí haciendo, siendo.

En la fotografía no tuve maestros directos, lo qué sí tuve fue gente que me enseñó a ver. Mi abuela, por ejemplo, me enseñó a ver cuadros, me abrió los ojos. Frecuentar museos y galerías, ver los trabajos de otros fotógrafos, estudiar a pintores…todo esto me fue formando. Pero en realidad, es algo que tengo como natural, innato… se me da con mucha fluidez.

La técnica la aprendí sacando fotos, conociendo las cámaras, etc. Fue la época en que fui fotógrafo de moda y publicidad. Fue la facultad. Aprendí a darles espacio a mis modelos para que se expresaran y a no llenar el cuadro con mi presencia. No soy efectista, no uso filtros ni retoco jamás las fotos. En cuanto al equipo en sí… no interesa. Lo que realmente importa es que tengas algo que contar, que descubras tu propia forma…

No pienso en la técnica, vivo la situación. No pienso, estoy ahí. Siento confianza.
Yo desaparezco, soy una máquina de hacer.

El arte es dedicación, disciplina. Hay que jugarse.

He decidido dedicarle mi vida a este proyecto. Estoy totalmente focalizado en esto. El método Zen me enseñó a disciplinarme, a trabajar con claridad.
Si me hubiesen puesto un lápiz en la mano a los 7 años en vez de una cámara (una Kodak Instamatique de rollo grande) tal vez hoy sería escritor…

¿Y la próxima etapa del proyecto?

Ahora estoy divulgando mi trabajo y siempre estoy gestionando fondo para continuar con la obra. Armé un equipo de colaboradores que trabajando en la realización del primer tomo de la colección dedicado al Gaucho Oriental.

¿Y Después de los chagras?

Todo depende de la logística de mis viajes y el trabajo de los vaqueros en cuestión. A fines de enero vuelvo al Páramo (a 2 rodeos) a terminar el capítulo correspondiente a los Chagras.
Mi siguiente destino seguramente sea el Gran Chaco (Paraguay, Bolivia y Argentina) y el Pantanal (Matto Grosso do Sul, Brasil) Yo me ajusto en lo posible al trabajo de estos hombres.
Por los próximos 7 años estaré bastante ocupado.

Eduardo Paz Carlson, Diciembre de 2007, Uruguay. Trabajo Independiente.


Por más info visite: http://www.luisfabini.com/

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EL PRIMER GOL DEL PRIMER MUNDIAL


artículo publicado en el Semanario Búsqueda, junio 2006

La actual fiesta global del futbol comenzó la fría y lluviosa tarde del 13 de julio de 1930 en Montevideo

A 76 años del primer gol de los mundiales el museo del futbol presenta una investigación impulsada por arquitecto Enrique Benech sobre el legendario estadio “El Fiel de los Pocitos”

Corre el minuto 19 del primer tiempo. Hace menos de una hora ha caído una granizada del tamaño de granos de arroz sobre la ciudad de Montevideo. Ahora sopla un viento del sur oeste a 40 km/hr. Amenaza lluvia. Sólo 600 espectadores, la mayoría apretujados en la tribuna techada de “El Fiel de los Pocitos” o “La cancha de Peñarol”. En la talud sur del estadio, unos pocos hinchas, incluso en casa linderas hay gente observando el partido. Las redes del arco norte se inflan: Gol de la selección francesa. Lo ha marcado el atacante Lucien “Lulu” Laurent. Es el primer gol del primer mundial. Es el 13 de julio de 1930. Comienza la leyenda.
Con el pasar del tiempo, “La cancha de Peñarol” se pierde materialmente, fagocitada por la ciudad, se convierte en un misterio.

En octubre de 2005 la cosa cambia: El Arq. Enrique Benech se presenta ante las autoridades del Museo del Fútbol para presentarles los resultados de una investigación que ha estado llevando a cabo hace 2 años. Él afirma haber encontrado la ubicación exacta, con precisión milimétrica, del mítico campo de juego.
El Arq. Juan Deal, Director del Museo del Fútbol comenta a Búsqueda: “El día que el Arq. Benech hizo su presentación tanto el Museo como la Comisión de Amigos del Museo del Fútbol quedamos todos muy entusiasmados y decidimos unirnos a los esfuerzos de Benech por explorar la historia de nuestra ciudad y de nuestro fútbol. Desde entonces hemos obtenido resultados asombrosos. Esta investigación ha revelado inesperados hallazgos sociales, históricos, arquitectónicos, culturales y hasta arqueológicos. Se ha transformado en un trabajo multidisciplinario muy dinámico.”

Exposición

En las instalaciones del Museo del Fútbol, el próximo13 de julio de 2006, el Arq. Benech expondrá sobre todos los hallazgos de su investigación. Según Juan Capelán, funcionario del Museo y un muy activo colaborador en esta investigación: “El propósito de difundir nuestras actividades y proponer nuevas acciones investigativas. Tenemos muchos documentos que queremos compartir con el público en general y con otros investigadores. También queremos que las autoridades nacionales se enteren de lo que estamos haciendo y del valor tanto turístico, patrimonial, cultural como urbanístico que tiene. Invitamos a los artistas a que imaginen un posible monumento para marcar el lugar de la cancha o partes de la cancha como el círculo central, o parte del arco norte donde se hizo el primer gol, por ejemplo…”

El Lugar Exacto

Donde antes estaba la cancha hoy hay calles y viviendas.
La mayoría de los vecinos de la zona no están enterados de que viven “sobre” la cancha del primer gol de los mundiales.

El centro de la cancha esta casi en la esquina de las calles Coronel Alegre y Charrúa .
En ese lugar existe hoy un lavadero.

El arco norte donde se convierte el primer gol está en el 4to padrón de la calle Coronel Alegre hacia el sur desde la calle Silvestre Blanco (ex Guaná)

Benech asegura: “Por las investigaciones que hemos realizado, el informe meteorológico, las descripciones de los diarios de la época, (Imparcial, El Día y La Mañana –hay copias en el museo-), la fotografía que publicó” La Aurora”, una revista del departamento de Durazno de aquellos años, que muestra la foto del gol y en la que se ve claramente el entorno, prueban que el gol se produce en el arco norte.
En ese mismo arco hace el gol México en el 2do tiempo. El partido termina 4 a 1 a favor de Francia. “

El arco sur está en el 3er padrón de ambos lados por la calle Charrúa y por la calle Coronel Alegre.

Restos de las tribunas se han hallado en un solar (la familia aún no quiere ser identificada) lindero al campo. El Arq. Juan Deal explica: “Las pesquisas han permitido confirmar que efectivamente hay una traza de hormigón que tiene la inclinación de la medianera y de la cancha. Además hay un desnivel con respecto a los padrones que salen por Coronel Alegre que demuestran que hubo un relleno que seguramente oculta las gradas.”

Sentir la realidad de la cancha

Queda claro que para todos los involucrados en estas exploraciones histórico-urbanísticas uno de los objetivos fundamentales es recuperar para la ciudad de Montevideo “El Fiel De Los Pocitos” también conocida como la cancha de Peñarol. Capelán lo sintetiza con fervor: “Queremos que se refleje en la trama urbana la realidad de un escenario legendario. Queremos que los uruguayos vengan a la cancha, que la sientan que se emocionen sentir la realidad de la cancha al saber que están parados en el lugar donde se convirtió el primer gol de los mundiales.”
Es bueno recordar que este evento del fútbol mundial, esta fantástica fiesta global de la todos toman parte hoy, empezó tímidamente, una tarde fría, con granizo, mucho viento y 600 espectadores en una pequeña cancha de barrio de Pocitos en la ciudad de Montevideo.

Complemento (no publicado):

11 de junio de 2006, 11hrs. Bar Princes, Montevideo.
El bar está repleto de clientes. Bullicio.
Hay un gran televisor colocado sobre la barra.
Se está viendo el partido Argentina vs Serbia.
Charla con el Sr. Juan Capelán y los Arquitectos Juan Deal y Enrique Benech.

JUAN DEAL: el año pasado recibimos al Arq. Enrique Benech que por iniciativa de él puso en marcha una investigación acerca de la ubicación exacta de la vieja cancha de pocitos, la vieja cancha de Peñarol donde en 1930 se jugó el primer partido del primer campeonato del mundo. Y en la que se marcó el primer gol de un campeonato del mundo. Se jugó el partido de México Francia ganando Francia 4 a 1 el primer gol marcándolo el jugador francés Lucien Laurent. Siempre se supo que la cancha de Peñarol quedaba por soca y rivera, la gente siempre decía “por ahí atrás del colegio alemán, etc”, pero no había una ubicación exacta. Había muchísimas versiones, incluso una confusión de donde estaba ubicada. Un día, el Arq. Benech llega al museo, en oct del 2005 con unos planos dibujados por él, unas acuarelas divinas, justo estaba la comisión de amigos del museo del futbol que preside Dante Iocco, lombardo y Barbero. Benech hizo su exposición acerca de la ubicación de esa cancha. Benech nos explicó, reveló que la ubicación era totalmente corrida de donde la gente generalmente pensaba. A partir de entonces el museo del futbol se interesa en llevar adelante una investigación sobre el tema junto al Arq. Benech y ahora estamos trabajando juntos. El museo cuenta con la colaboración de Juan Capelán que está trabajando codo a codo con Benech en una investigación casi arqueológica.

Es una investigación urbana, histórica, arqueológica y cultural que el museo le interesa apoyar y estimular.

ENRIQUE BENECH: Este lugar tenía para mí un misterio muy grande. Fueron las historias sobre hazañas futboleras en esta cancha que me narraba mi padre las que alimentaron el misterio sobre este legendario lugar. Me propuse encontrarla, saber exactamente donde estaba ubicada. Sentí que esta cancha debía recuperarse para la memoria de Montevideo. Fue así que cada vez que tuve un momento libre en mi actividad profesional lo utilicé para rastrear la cancha. Debido a un trabajo de propuestas a la ciudad de Montevideo tuve la oportunidad de analizar una fotografía excelente en poder de la intendencia municipal de Montevideo que es un mosaico del año 1926. Está la primera foto aérea genérica de la ciudad. En esa foto aparece la cancha con una claridad meridiana detrás de la estación Pocitos. En fotos de la ciudad de épocas cercanas al mundial del 30 se visualiza la cancha ya con más ciudad alrededor. En realidad no es el primer partido, porque se juegan ese 13 de julio 2 partidos casi simultáneamente: uno en la cancha de Peñarol y otro en el parque central. Dado que el estadio centenario estaba con el encofrado de hormigón recientemente volcado (una maravillosa obra realizada en 7 meses por el Arquitecto Scasso) y había un simbolismo. Que era bueno inaugurarlo con el primer partido de Uruguay (Uruguay vs Perú) y el día en que se cumplía exactamente los 100 años de la jura de la primera constitución. Pero el fixture del mundial marcaba que el 13 de julio debía haber partidos. Es por estas razones que se juega Francia vs México aquí y EEUU vs Bélgica en el parque central solo 600 personas que veían el partido / 1er gol: a los 19 minutos del 1er tiempo, arco norte, vientos de 40kpor hora del sur oeste. Es un día de lluvia, frio y granizo del tamaño de granos de arroz. Esta cancha fue proyecto del Arquitecto Scasso el mismo que 10 años después proyecta el estadio centenario, y 2 años después es presidente del Club Atlético Peñarol(1932). Asimismo, participó muy activamente en el proyecto del Estadio Monumental de River Plate en Buenos Aires La hija y la nieta de Scasso tienen toda la correspondencia con los arquitectos argentinos que comprueban que él fue el proyectista y que incluso cobrando honorarios.
Esto cierra por otro lado también cuando decíamos que se jugó el primer partido de los mundiales el 13 de julio del 30. Es de señalar que la cancha fue inaugurada en noviembre de 1921 y que se había comenzado a construir en marzo del mismo año. Peñarol inaugura el estado de Pocitos con River Argentino un partido que empatan 1 a 1 y a su vez Peñarol va a jugar la inauguración del monumental.

Lo que nosotros hemos descubierto es que trazas de las canchas siempre quedan.

Donde antes estaba la cancha hoy hay calles y viviendas. La mayoría de los vecinos de la zona se estarán enterando por este artículo que viven sobre la cancha del primer gol de los mundiales.

El centro de la cancha esta casi en la esquina de Coronel Alegre y Charrúa. Hoy hay un lavadero (ver foto)

El arco norte donde se convierte el primer gol está en el 4to padrón de coronel alegre hacia el sur desde silvestre blanco (ex guaná)

Por las investigaciones que hemos realizado, el informe meteorológico, las descripciones de los diarios de la época, (Imparcial, El Día y La Mañana –hay copias en el museo-),la fotografía que publicó una revista del Departamento de Durazno de aquellos años, “La Aurora” que muestra la foto del gol y en la que se ve claramente el entorno, prueban que el gol se produce en el arco norte. En ese mismo arco hace el gol México en el 2do tiempo

La calle Silvestre Blanco eran los fondos donde paraban los tranvías. Los hinchas venían en los tranvías (las vías están todavía a la vista en la esquina de rivera y soca -ver foto-) esas vías “entran” a lo que hoy es el Banco República. Los hinchas entraban a los galpones, bajaban de los tranvías y entraban directamente al talud norte del Estadio.

El arco sur está en el 3er padrón de ambos lados por charrúa y por coronel alegre.

Hoy día tenemos la precisión milimétrica de donde estaba ubicada la cancha.

El 13 de julio al conmemorarse 76 de ese gol histórico vamos a adelantar el capitulo correspondiente a la cancha del libro que estamos escribiendo con Eduardo Gutierrez Cortinas sobre la cancha de Peñarol.

Hoy esto se ve sólo en los planos pero nuestra idea es, gracias a la colaboración del museo del futbol y a entusiastas investigadores como Juan CCapelán, marcar la cancha,que se vea…

EPC: Y los vecinos, no hablaron con ellos?

Los vecinos que viven “sobre “ el arco no lo saben…

Pero en el solar de la familia Mondara Queirolo que viven a pocos metros (padrón en rojo) hay restos de las tribunas. Al acudir con el Arq. Deal, descubrimos que efectivamente hay una traza de hormigón que tiene la inclinación de la medianera y de la cancha. Además hay un desnivel con respecto a los padrones que salen por Coronel Alegre que demuestran que hubo un relleno que seguramente oculta las gradas. Es un tema arqueológico. También urbanístico, histórico, arqueológico y cultural.
El trabajo continúa.

JUAN CAPELAN: Para mi uno de los objetivos fundamentales de esta investigación era recuperar para la ciudad de Montevideo “El Fiel De Los Pocitos” también conocida como la cancha de Peñarol. Queremos que se refleje en la trama urbana la realidad de un escenario legendario. Queremos que los uruguayo vengan a la cancha, que la sientan que se emocionen s sentir la realidad de la cancha al saber que están parados en el lugar donde se convirtió el primer gol de los mundiales. El primer mundial de la historia empezó un día frio, lluvioso y ventoso: el 13 de julio de 1930 en Montevideo. Creo que es una responsabilidad de los montevideanos. El sueño es poder “marcar la cancha”, que se vea en la trama urbana, (la brigada de sensores remotos de la fuerza aérea, el centro geográfico militar, distintas reparticiones de la intendencia, ayudaron) multidisciplinarias para ubicar con total precisión el lugar de la cancha.

Debemos ubicar la cancha fagocitada por la ciudad. El círculo central. marcarlo con una línea de banda, podría ser una banda de 10 centímetros de mármol por ejemplo, pero particularmente uno de los corners, (en coronel alegre entre Gestido y Charrúa), el corner de línea de meta sur. (la opuesta a Rivera) que aparezcan los artistas y que imaginen cómo marcar la calle o qué tipo de monumento levantar. Nosotros les hemos indicamos donde.

Y el arco donde se hizo el primer gol, ya que al menos un ángulo quedaría sobre la vereda

El 13 de julio (2006) realizamos una exposición en que vamos a mostrar al público todas las fotos aéreas que tenemos, seguramente tendremos aportes valiosos de la revista el grafico,
Vamos a convocar a todos los montevideanos que tengan cualquier documentos o recuerdo que puedo ayudarnos a continuar investigando, convocar a el estado para que se involucre más, convocar a los artistas que quieran aportar ideas para posibles monumentos, compartir todo el material que tenemos el publico.
No solo queremos reflejar en esta exposición la importancia histórica de este primer partido y primer gol de los mundiales, sino también el cambio que provocó en la ciudad esta cancha y todos los eventos deportivos y sociales que tuvieron lugar en su predio pero también a causa de su existencia.
Esta exposición en el museo y un acto el cual intervendría el Dr. Ravera, hablándonos de la estación pocitos y de la historia de pocitos, el periodista Raúl barbero, tal vez el único asistente al mítico partido vivo, miembro de la comisión de amigos y testigo presencial del partido, y el impulsor principal de la investigación, el Arq. Enrique Benech.

“Espanta ver cómo llevan a la gente marcando el paso hacia la muerte”


de la sección Espectáculos de  EL OBSERVADOR

Entrevista
ARTURO PÉREZ REVERTE, escritor

Arturo Pérez Reverte es un hombre enérgico, un luchador y apasionado por la vida. Estuvo en Montevideo promocionando su novela La piel del tambor , que en España ha vendido más de 350.000 ejemplares. El escritor y ex-cronista bélico explicó a El Observador su visión sobre los horrores de la guerra, la literatura contemporánea y el futuro del mundo.

Por EDUARDO PAZ CARLSON

Usted estuvo cerca de la guerra, ¿Qué explicación le encuentra?

El ser humano tiene dos lados, uno oscuro y otro luminoso, y frecuentemente, el lado oscuro se impone al luminoso. Hay otra cosa que se llama memoria, que es útil, necesaria y nos permite saber quiénes somos, de dónde venimos y qué estamos haciendo aquí. Pero, cuando la manipulan, es muy peligrosa. Entonces hay canallas, poderosos, gobernantes, ideólogos, políticos, que utilizan los rincones oscuros de la memoria de la gente para manipularla: resucitar viejos fantasmas: “Tu abuelo fue violado por un serbio”, “a tu madre la mató un croata”, “tu bisabuelo me quiso quitar el agua del río”. Cuando no hay unos conocimientos que permitan al hombre defenderse de esa agresión ideológica a través de los medios informativos, cuando el hombre queda indefenso y huérfano ante esa memoria hecha arma contra él, entonces se vuelve peligroso. La conclusión que he sacado de una vida como reportero de guerra, de ver durante 21 años guerras, es que lo peor es la ignorancia aliada con la memoria y la manipulación cobarde e interesada de que nos hacen objeto continuamente la gente que tiene mecanismos de poder.

¿Vale la pena morir por un ideal?

¡A veces hay que pelear también! El pacifismo no siempre es bueno. ¡Uno no puede dejarse degollar como cordero, uno tiene que pelear! Uno tiene que saber pelear muy bien por su guerra y no por la de otros, no por lo que te dicen, por la bandera que un tipo ha diseñado, sino por lo que tú crees que vale la pena.

¿Y cuándo es la guerra de uno?

Lo que pasa es que no todos los ideales son ideales. Nos venden ideales producto de diseño y laboratorio. Yo puedo ser capaz de matar por mi hija, por mi familia y por mis amigos o mi tierra, y si un día viene un tipo y me dice “ahora vais a hablar francés y a comer en francés o vais a comer hamburguesas y vais a hablar en gringo”, bueno, me echo al monte y peleo y me llevo por delante a doscientos gringos. Y otra cosa es que un tipo me diga “no, es que tú eres blanco y el otro es negro y los negros no son buenos o malos”, o que me digan la “la patria exige de ti que mates al enemigo” y tú tengas que marcar el paso. No, a mí no; estoy harto de ver banderas, himnos nacionales, de ver como llevan a la gente marcando el paso hacia cementerios llenos de cruces de madera.
En Sarajevo enterraban a la gente en los campos de fútbol porque no había ya tierra en los cementerios. Estoy tan harto de ver esas cosas que cuando oigo “ la patria exige diez sacrificios” se me abren las carnes y pienso: “A ver qué nueva canallada me va a pedir la patria que yo haga por ella”.

Pero, ¿qué es la patria?

La patria verdadera es una cosa mucho más simple. Puede estar en la memoria de un olor de la infancia, en un hijo que te mire, en un vecino con el que tomas una copa y lo demás son milongas pamperas, o como le digan aquí. Esto lo tengo claro porque yo he estado en la guerra, 21 años allí dentro. Nadie me lo ha contado.

¿Recuerda algún momento terrible de la guerra?

Yo en la guerra lo pasaba peor cuando veías morir a los niños y a los animales. Los soldados saben que pueden morir y las mujeres adultas saben que están expuestas a ser violadas. Pero un niño te mira y dice “¿por qué me han dejado las tripas afuera?” o
“¿por qué han matado a mi madre?”. Te está mirando con esos ojos que te están diciendo: “Vosotros, los mayores, me habéis hecho daño, ¿por qué?”. Y uno sabe que no puede explicárselo. En mi libro Territorio Comanche cuento el horror y la tristeza que sentí por un perro con una pata rota por una esquirla de metralla arrastrándose por Beirut durante una batalla. Cuando el animal nos divisó vino corriendo desesperadamente. Iba detrás nuestro, cojeando, y yo le tiraba piedritas y le gritaba que se fuera; no soportaba su mirada de sufrimiento. Después lamenté no pegarle un tiro; el pobre estaba desahuciado.

¿Por qué decidió ser cronista de guerra?

Yo no quería ser corresponsal de guerra; yo quería vivir aventuras. De pequeñito leía con pasión y entonces, al final, quieres hacer lo que has leído. A mí me educaron para otro tipo de vida, pero quería que me pasaran cosas, quería vivir esas cosas que había vivido en los libros. Un día me embarqué en un petrolero, navegué por el mundo y luego fui a la guerra porque suponía que la guerra era una aventura apasionante: y lo era, pero también era muchas otras cosas que descubrí después. Y me enganché. La guerra es un espectáculo fascinante de lucidez de conocimiento de la condición humana. Junto a lo malo está lo bueno. En ella maduras con rapidez, ves cosas que otros no verán jamás, como dice Nexus 3 en Blade Runner . Me fascinó la lucidez dolorosa y terrible, pero utilísima que te da el ver al ser humano haciendo lo mejor y lo peor de que es capaz.

¿Por qué dejó de hacerlo?

Lo dejé porque hay un momento en el que como periodista, vas acumulando preguntas sin responder. La pregunta fundamental es: ¿por qué una mujer hermosa con 18 años es violada por un batallón y luego la degüellan? o ¿ por qué un niño muere quemado tras 10 días de agonía y un general asesino y millonario muere con 100 años en la cama y le hacen un monumento en su pueblo? ¿Quién nos gasta estas bromas horribles?
Pensé que, como los libros habían sido el origen de mi pasión por la aventura y me habían llevado a la guerra tal vez estaban en ellos las respuestas. Pensé que quizá escribiendo podría ordenar un poco ese mundo de guerras en el que había vivido tanto tiempo.

En apenas dos años usted se ha transformado en el escritor español más vendido en el mundo. ¿Cómo ha vivido el arrollador éxito de sus novelas?

Hay una cosa sobre el éxito: cuando un general romano mataba a cinco mil enemigos en batalla tenía derecho al triunfo, o sea, iba por Roma con las cuadrigas, los esclavos y la púrpura del emperador; pero llevaba detrás a un esclavo que le sostenía una corona de laurel sobre la cabeza y le susurraba al oído: “Recuerda que eres mortal”. En mi vida profesional he visto muy de cerca lo mortal que somos. He visto mujeres muy hermosas venderse por un paquete de cigarrillos, he visto a poderosos que hasta ayer mandaban mucho pedir llorando y de rodillas que no los mataran. La vida es una serie de finales hasta el Final, con mayúscula. El saber que todo puede terminar de golpe y salvajemente me permite vivir valorando más las cosas. Además yo soy marino, sé lo que es el mar. Navegar es estar esperando todo el tiempo que el mar te haga una faena. Ese estado de vigilia permanente que me ha dado la mar lo aplico a mi vida normal. Entonces, el éxito lo tomo con calma porque sé que eso se termina igual que viene.

¿Podría adelantarnos el argumento de su novela El Capitán Alatriste, coescrita con su hija Carlota?

Este es un libro diferente a los otros; lo he escrito para recuperar un poco los libros de aventuras que leí cuando era jovencito. Trata de un espadachín, un capitán de los tercios de Flandes, que ha sido herido en batalla y vuelve a España. Como no consigue trabajo se alquila como mercenario para trabajos sucios. Se busca la vida en el Madrid de los Asturias del siglo XVII.. Te encuentras con Quevedo, Lope, es el Madrid de emboscadas, donde las comedias de los teatros terminaban a las cuchilladas. Es un poco recuperar esa época, que explica muy bien la España actual, lo es ahora. Una forma de implicar a mi hija en una aventura literaria de este tipo fue pedirle que se ocupara de la documentación de las costumbres de esa época. Ella realizó una importante labor logística en esta novela.

¿Cuáles escritores destacaría del ambiente literario español?

En España hubo una especie de secuestro de la literatura en manos de algunos críticos y escritores que no tenían nada que decir. Hacían y apoyaban una literatura absolutamente aburrida y vacía. Ellos sostenían que las élites eran lo único que valía. Por esto la gente desertó de la literatura. El peor pecado es aburrir. Pero esto por suerte se acabó y desde hace unos 15 años hubo un resurgimiento de lo que es la literatura que cuenta cosas a la manera de siempre y la gente ha vuelto a leer. La literatura tiene la obligación de ser entretenida aunque sea profunda. En este sentido destacaría a Juan Marsé, Almudena Grandes o Antonio Muñoz Molina, por ejemplo.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes que quieran escribir?

Que lean y que la papelera es el mejor amigo. Practicar y practicar y sin ninguna prisa, que ya va a llegar, y si no llega tampoco pasa nada. Y tener humildad profesional, porque sólo se es eficaz en su trabajo siendo humilde, aprendiendo de gente que sabe hacerlo bien. Cualquier martillo que quieras inventar existe ya. Es más práctico irte a la tienda y comprarte el mejor martillo y utilizarlo para clavar clavos si lo que realmente quieres es clavar clavos. Si lo que quieres es que tus amigos digan qué bonito martillo, eso es otra cosa. Usa el mejor martillo para clavar clavos. Ese martillo se llama Galdós, Stendhal, Proust, Mann, etcétera. Ve ahí, sé humilde, escucha y cuando te digas “creo que ya sé” haz tu propio martillo sin ningún complejo, pero sólo entonces. No hay que querer cambiar la historia de la literatura con cada página que escribimos, debemos tratar de contar bien las historias, eso es lo más importante. Si tienes una historia cuéntala de forma eficaz.

Mucha gente afirma que se está viviendo una nueva Edad media y que esa época es la preparación para un nuevo Renacimiento. ¿Qué opina usted?

No, no lo creo. Tras la Edad media fueron posibles muchas cosas que ahora van a ser imposibles. El hombre ya nunca más será inocente. Después de la Edad Media creímos en la ilustración , en el humanismo cristiano, en la evolución del hombre hacia estadios superiores, en la solidaridad, en las barricadas, en la revolución, el comunismo, en el Che Guevara. Creímos que el hombre podría ser hermano del hombre. Ahora el hombre ha perdido todas esas inocencias y no hay nada que se las sustituya. Hemos perdido en este siglo lo que no ha costado 20 ganar.

¿Y qué le espera al hombre entonces?

Nos espera el resultado de la propia estupidez del hombre. El hombre no es nada simpático. No lloraré cuando el hombre desaparezca.

¿Sabe que no se lo creo?

Lo digo en serio. Lo que pasa es que siempre habrá supervivientes, islas, arcas de Noé que seguirán flotando en el mar. Esas arcas de Noé deberán ganarse su derecho a sobrevivir. El hombre como ser colectivo está condenado. Ahora es el tiempo de los seres con minúsculas, de los navegantes solitarios que se van a juntar con otros en grupos para sobrevivir y darse fuerzas unos a otros. Pero la salvación colectiva es imposible. Cada uno quedará librado a su combate individual. El mundo se divide entre los que pelean y los que no pelean. El ser humano deberá pelear o resignarse a ser papilla colectiva. Será una batalla desesperada. Pocos hombres van a sobrevivir, pero los que sobrevivan valdrán muchísimo más que los que habrán caído.

Mediodía del 28 de noviembre de 1996, Bar Anticuario, Montevideo

……

18 de febrero de 1996, El Observador.

Aniversario: André Breton, 1896-1966

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El Obsevador, 13 de mayo de 1998.
Chick Corea en el Cine Teatro Plaza. CRITICA, versión completa. (Version publicada en la foto)

DISCIPLINA Y FULGOR

Chick Corea y su banda Origin convulsionó al respetable en un concierto histórico que ofreció un jazz tan inmaculado de creatividad como de rigor técnico

CHICK COREA & ORIGIN

Músicos: Chick Corea, Steve Wilson, Bob Sheppard, Steve Davis, Avishai Cohen y Adam Cruz
Lugar: Cine Teatro Plaza
Fecha: Miércoles 13 de mayo, 1998
Duración: 180 minutos
Capacidad: 100%
Producción: ABT Producciones
***** Excelente

POR EDUARDO PAZ CARLSON

“No se preocupen…mis músicos están un poco atrasados…pero ya vienen, ya vienen…están por llegar…”, bromea un Chick Corea vestido sobriamente con una chaqueta color marrón, camisa blanca sin corbata y regalando una amplia sonrisa. El público festeja el chiste y expresa su expectación con gritos y aplausos aislados sin poder aguantar la emoción. Corea explica pausadamente para que todos lo entiendan:

“ Esta es una música muy nueva. Estamos en los principios de una gira mundial y el concierto de esta noche es el tercero que damos. Y nuestra música es…eh…bueno…no sé, no sé como es… me gustaría comenzar con una pieza que le da nombre a la banda: “Origin”. Gritos, de nuevo aplausos aislados, una inquieta alegría recorre la sala. Electricidad. “ Voy a presentarles individualmente a cada integrante de la banda… ¿ok?”. Silencio en la sala. “¡¿OK?!” repite con una enorme sonrisa Chick Corea. Grandes risas, nerviosismo casi infantil en la platea que responde a coro “¡Siiiiiiii…Yeeeeeees!”. Todos se acomodan en sus butacas: el ritual está por comenzar. Murmullos…Silencio otra vez. El piano de Corea se desata en un frenético pero compacto torrente de notas, como paquetes de fotones inundando las mentes de los escuchas.

Parece el comienzo del Concierto para piano en sol mayor de Ravel.

¿O será el Concierto para la mano izquierda del mismo autor?
¿Suenan reminiscencias de La Hora Española, del mismo autor?

Es un gozoso entrevero.
Sin duda, Ravel está ahí, en esas notas “ligeras y brillantes” – al decir del genio francés- pero…esto es otra cosa, hay algo más…se produce una serie de micro estallidos sonoros: son llamados mágicos que producirán la aparición del resto de los músicos en escena.

La Banda

El primero es el jovencísimo bajista Avishai Cohen (quién en el transcurso del concierto sorprendería al auditorio con su virtuosismo técnico y creatividad). Luego, uno a uno, se integran los restantes componentes del sexteto: el exuberante baterista Adam Cruz ( también muy joven), el saxofonista, flautista y clarinetista Bob Sheppard (el ortodoxo de la banda), Steve Davis, a cargo del trombón, el instrumento más lánguido y de sonido casi líquido de la formación.
Finalmente, el único negro del grupo: Steve Wilson, quien imprimió calor y sensualidad sin nunca descuidar la perfección técnica en la ejecución de su instrumento. Todos los músicos en escena, y bajo la dirección serena de Corea, la banda descargó su potencia musical. Potencia que no estuvo regida por el volumen sino por el preciosismo, la intimidad y la improvisación (jamás abusiva).

Las palabras no son suficientes

Una potencia que se expresó en un estado de permanente contención y sobriedad, como si la música que producían fuese una de semilla a punto de germinar fulgurante, prometedora de mil flores nuevas y desconcertantes. Es difícil explicar con palabras lo que comenzó a dominar al público. Más que dominar se podría decir, hechizar. El primer tema ( que en realidad fue un popurrí de varias obras de Corea que integran su nuevo disco grabado en vivo en el club Blue Note de Nueva York) duró 40 minutos.
Hubo vientos musicales que la recordaron obras como Waka Jawaka de Frank Zappa, tornados que retrotraían al bop más puro y brisas españolas que, como una hermosa mujer, no tenían miedo alguno en desnudarse generosamente ante todos. Fue, al igual que cada pieza ejecutada por la banda, una suerte de urdimbre en la que existían nudos en donde los músicos, tras divagar durante sus respectivos solo se reunían para volver a soltarse cada uno en una dirección aparentemente opuesta a la del otro.

Lo formidable es que seis músicos improvisando pudieron mantener en todo momento una coherencia y una precisión notables.

Era como si la música se estuviera explorando a sí misma y los músicos no fuesen más que marionetas bajo el mando de un titiritero que lo controlaba todo, incluso a los oyentes.

Mejores momentos

Tras cada solo las ovaciones explotaban pero enseguida se autocensuraban para no estropear el fluir de la música que, como un río de oro, era adorado por la audiencia y los intérpretes.
Se produjeron varios clímax durante las tres horas de concierto.
Los más remarcables fueron Dreamless una obra sobre el deleite de dormir sin soñar ( que dejó perplejo a más de uno), las interpretaciones de dos temas del héroe musical de Corea: Thelonious Monk; la pieza Soulmates dedicada a su mujer Gail (que comienza a lo Chuck Mangione pero que se recupera con un delicioso duelo flautístico entre Wilson y Sheppard que más que duelo fue como un cortejo de dos pájaros cantándose al uno al otro); una composición sin nombre que Corea explicó haciendo un gesto giratorio con un brazo y que encogiéndose de hombros regaló al público como diciendo “imaginen lo que quieran”; el tema que dedicó a Duke Ellington y, claro está, todos los solos así como las originales combinaciones de instrumentos que al improvisar crearon atmósferas inefables.

Chick Corea condujo con mano de maestro a sus seis discípulos por un océano de posibilidades musicales. Nunca aplastó a sus músicos con su maestría, es más, los alentó permanentemente y los guió a veces desde el piano, otras desde la marimba ( instrumento que ejecutó con indisimulada diversión y casi picardía) o simplemente chasqueando los dedos en un segundo plano. Tras hora y media de música Corea pidió un intervalo de 15 minutos explicando que él y su grupo habían viajado desde muy lejos para tocar en Montevideo y que “éramos” una audiencia muy exigente y que tras un descanso volverían. Y así fue. Volvieron y tocaron 80 minutos más. La entrega fue total, y tras un bis largamente rogado, el público se retiró del cine Teatro Plaza jubilosamente intoxicado de música.

Dulce confusión general

Este no sólo fue un concierto formidable, también fue una curiosa reunión de la sociedad montevideana. Había toda clase de personas: personajes con el look de intelectual del Sorocabana, “hipoides”, venerables ancianos y ancianas amantes del jazz, prolijos jóvenes de clase media-alta con grandes tarros de “pop corn” y enormes vasos de Coca Cola, algunos sobrevivientes jazz roqueros uruguayos de la década de 1970, autoridades gubernamentales, todos los críticos musicales de la capital.
Durante el intervalo Luis Mega, ex tecladista de los ya legendarios grupos de jazz rock nacional Maitreya, Siddhartha y Barón Rampante comentó emocionado: “Acá estamos todos los que nos gusta la buena música…no sé, la música de Corea te va envolviendo a base de sutileza, no de volumen, es perfecta, es perfecta, es perfecta, no se qué decir”. Otro músico uruguayo, Jorge Camiruaga, un extraordinario baterista (hoy percusionista de la Ossodre y líder de un grupo de música contemporánea) no pudo contenerse y exclamó: “ ¡Corea es oído absoluto! ¡ Es la vuelta a los sesentas!…es maravilloso, no sé como explicarlo…” Por su parte, Gustavo Nocetti ( un explorador valiente del 2 por 4) contestó sonriente a la pregunta ¿Qué hace un cantor de tangos aquí? : “No importa que cante tangos…a mí me gusta la buena música y lo que estamos escuchando hoy es fabuloso, una banda asombrosa… es difícil de explicar con palabras…”. Incluso el Intendente Mariano Arana no disimuló su fascinación ante el espectáculo que estaba presenciando al confesar: “ Es verdaderamente una maravilla, sólo puedo decir eso y me alegra mucho que Montevideo pueda tener cada vez más conciertos como este”

Los “encuestados” por este cronista no pudieron (tampoco quisieron) despojarse de la dulce confusión creativa que les estaba provocando la música de Chick Corea.
El único que pudo objetivar la situación, dar en el blanco con ojo clínico fue el Profesor Hetzel (máxima autoridad nacional del estudio del jazz): “ Evidentemente, se trata de jazz blanco – comenzó explicando con calmada lucidez, típica de un veterano docente-. El único que calienta el ambiente es el saxofonista negro Steve Wilson. Es un jazz cerebral pero esto no significa que esté exento de emoción. Es perfecto técnicamente y se siente que la banda tiene muchas horas de ensayo encima. El virtuosismo de sus integrantes es deslumbrante. Igualmente lo de hoy es difícil de catalogar. Además, Corea es un creador que ha tocado todos los géneros del jazz y es de los mejores de su generación”.

Un relojero

Resucitador de la tradición de la improvisación (que tuvo su punto álgido con instrumentistas como Earl Hines, Fats Willer, Teddy Wilson y Art Tatum) Chick Corea se alza desde hace 30 años como uno de los intérpretes y compositores jazzísticos ( y también dentro de la esfera de la música “clásica” y “contemporánea”) más importantes del siglo. Podría aplicársele un comentario que en su momento le hiciera Stravinski a Ravel al subrayar el estilo de construcción de su obra: “ Usted es un relojero suizo”. A lo que Ravel contestó: “Yo hago logaritmos; es cosa suya comprenderlos”.
Afortunadamente, Chick Corea no es tan soberbio como el atribulado Ravel pero al igual que éste, es un escrupuloso arquitecto de sonoridades.

Toda su obra está basada en una liberadora disciplina y en un contenido fulgor.

Siguiendo con el paralelismo con Ravel, Corea también se ha visto fascinado por la música de origen Español. Ha investigado y jugado con las derivaciones latinoamericanas, sobretodo cubanas y brasileñas, de esta “raza musical”.

Más allá de cualquier consideración estilística, este concierto ha marcado un antes y un después en la historia del jazz en Uruguay.

Una extraña sensación de haber vivido algo diferente, nuevo, entusiasmante y provocador se notaba en la mirada de cada espectador.

Al final ya no importó la técnica ni la perfección, sólo quedó una misteriosa emoción en cada uno.

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noviembre de 1986, La Mañana

LA CÁRCEL DE PUNTA CARRETAS SE CONVERTIRÁ EN UN GRAN CENTRO CULTURAL

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Conversación Con Victor Nattero, 1986, DiaPop, El Día.

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Crónica Espectáculos, DíaPop, El Día, 1986.
LAURIE ANDERSON EN MADRID
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El Observador, 1996.

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 Adiós, Alquimista de sonidos

El pasado lunes, 12 de junio murió un anciano compositor austríaco de origen húngaro. Su nombre, György Ligeti y había nacido 28 de mayo de 1923 en Dicsöszenmárton.

En Uruguay es prácticamente desconocido, o no tanto.
Lo que sucede es que su música ha sido muy escuchada por el público pero sin darse cuenta.

¿Quién no recuerda la escena del monolito y los monos-homínidos de la película 2001 de Stanley Kubrick?

¿Quién no se estremeció con el coro lacerante que sonaba mientras los “casi hombres” veneraban al monolito o durante el viaje más allá del tiempo y del espacio?

 La banda sonora era “Lux Aeterna” de Gyrögy Ligeti, compuesta en 1961.

En Uruguay hay una generación entera de compositores contemporáneos que se nutrieron de la música de Ligeti.

Entre ellos, Luís Jure (46), docente de la Escuela Universitaria de Música (EUM) e incansable estudioso de las nuevas tecnologías sonoras comenta sobre Ligeti:

“Me parece indiscutido que Ligeti fue una de las personalidades musicales más importantes del SXX.
En particular siento que tengo una vinculación pero también mi generación con Ligeti. Porque cuando nosotros empezamos a meternos más seriamente en la composición (principios de los años 80), la música de Ligeti era una influencia muy grande en nosotros. Nos puso frente a un mundo musical que realmente nos impactó, nos movió el piso. Además, cuando Tosar volvió al país en el año 82, se armó un grupo (Eduardo Fernández, Álvaro Carlevaro y yo) para estudiar composición con él. Tosar venía también encantado por la música de Ligeti y sentía una gran afinidad con la música del maestro húngaro. Era muy frecuente que cuando en la clase ninguno de nosotros había llevado una obra para discutir, Tosar sacaba la partitura de Ligeti que estuviese analizando en ese momento y la estudiábamos todos juntos.
De esta manera nosotros, tuvimos una doble influencia: una de la música de Tosar que era nuestro maestro y otra de Ligeti que se puede decir que también lo era pero a través de Tosar.


Ligeti surge a la notoriedad internacional a finales de la década del 50 con una pieza para gran orquesta llamada “Atmósferas”(1961). Va contra de las vanguardias europeas ( Serialismo y Post Serialismo por un lado y por otro, los movimientos Aleatorios desde Estado Unidos, por ejemplo Cage). “Atmósferas” explora los timbres, las texturas, son grandes magmas sonoros que van mutando. Es una pieza impresionante”

En esos años Ligeti abrió una puerta hacia un mundo sonoro muy novedoso.

Es importante remarcar que sus piezas son muy rigurosamente compuestas, no hay nada de aleatorio, son piezas muy intelectuales en se estructura pero que cuyo resultado sonoro no es para nada intelectual, lo que suena va directamente al corazón., a la emoción del oyente, lo conmueve espiritualmente.

Para empezar a escuchar la música a György Ligeti se recomienda ir con calma, pieza a pieza, acostumbrarse a su sonidos. Se sugiere comenzar con:

Del “primer período” (fines de la década de 1950, comienzos de la década de 1960) que es la etapa de experimentación con texturas tímbricas y grandes masas sonoras se pueden recomendar: “Aparitions”, “Atmósferas” y “Lux Aeterna”.

Del “segundo período” (la década de 1960), época en la que trabaja más con micro polifonías, dos piezas interesantes serían el “ Segundo Cuarteto para Cuerdas” y la “Diez Piezas para Quintetos de Vientos”

Del “tercer período” , que en realidad es un largo período de transiciones se aconseja la ópera “Le Grand Macabre” basada en la obra, La Grande Ballade du Gran Macabre, de Michel de Gheldero de, estrenada en 1978.

Y luego, de su etapa final (década de 1980), los “Estudios para Piano”, son de una riqueza rítmica asombrosa.

Es muy difícil escuchar la música de Ligeti en la radios del SODRE. Hasta ahora, las orquestas del Estado jamás se han programado ni una sola obra de Gyrogy Ligeti

Eduardo Paz Carlson para Semanario Búsqueda, junio, 2006.

Luís Jure: http://www.eumus.edu.uy/docentes/jure/jure.html

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ENTREVISTA CON LEO MASLÍAH, El Observador, 1996

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